¿Cómo estamos viviendo las personas mayores la crisis sanitaria provocada por el Covid -19?

PACA TRICIO PRESIDENTA DE LA UNIÓN DEMOCRÁTICA DE PENSIONISTAS Y JUBILADOS (UDP) y CARLOS MARTÍNEZ DIRECTOR DE LA UNIÓN DEMOCRÁTICA DE PENSIONISTAS Y JUBILADOS (UDP) – mayoresudp.org 

Estamos viviendo un tiempo difícil, protagonizado por el confinamiento al que todas las personas nos vemos sometidas, debido a la alerta sanitaria por la expansión del COVID-19 o coronavirus en el mundo y, muy especialmente en nuestro país.

Las noticias que día a día nos golpean hablan de incremento de personas contagiadas, de fallecimientos, de desborde en los servicios de atención médica, pero también han colocado inevitablemente a las personas mayores en el “ojo del huracán”, por ser un colectivo de especial riesgo ante el contagio. Es una realidad ineludible, que obviamente vivimos con preocupación. Con los años disminuyen las defensas inmunitarias del organismo, especialmente en personas afectadas de patologías previas, algo que sabemos se incrementa con la edad. Pero este hecho, esta evidencia, no debe hacernos caer en posiciones y posturas que evidencian en ocasiones un edadismo injusto y discriminatorio. Y ello desde dos visiones distintas pero igualmente negativas: la de quienes acuden al paternalismo victimista hacia las personas mayores o las que las estigmatizan como posibles transmisoras del virus. Nada de esto es cierto ni hace justicia a un colectivo tan diverso y heterogéneo como es el de las personas mayores.

Son muchas las personas mayores –lo vemos a nuestro alrededor cada día- que han dado un paso adelante, superando su temor y riesgo, para mostrarnos a la sociedad su responsabilidad, solidaridad y capacidad de esfuerzo y sacrificio. Personas mayores que, desde el confinamiento en sus casas toman la iniciativa y están participando, atentas a las necesidades de quienes más lo necesitan, cambiando su voluntariado presencial por un voluntariado telefónico u online, prestándose a coser mascarillas para el personal sanitario o personas que las necesitan, profesionales sanitarios jubilados reincorporándose para ayudar, desarrollando iniciativas culturales, lúdicas o de encuentro social a través de las tecnologías de la comunicación, animando, sensibilizando, alentando a quedarse en casa y a la superación, aportando

Muchas personas mayores hemos vivido épocas y momentos difíciles en nuestras vidas, estamos acostumbradas al sacrificio y al trabajo duro. Todavía tenemos en la mente el papel de tantas abuelas y abuelos en la reciente crisis económica, que con su acogimiento y generosidad, fueron el más consistente pilar de apoyo a tantas personas y familias en paro o precariedad, en ocasiones asumiendo el riesgo de perder hasta su propia vivienda. En estos duros años han sostenido con su generosidad y entrega a una parte importante de la sociedad. ¿No es este un buen momento para reconocer su compromiso y la deuda que toda la sociedad tenemos con ellas y ellos? ¿Y qué mejor manera de hacerlo que devolviéndoles el cariño, la protección y ayuda que ahora necesitan? Pero sin paternalismos ni estigmas, tan sólo con dignidad y generosidad, y poniendo también en valor su aportación en este momento. Como ha declarado recientemente, Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS:

Las personas mayores llevan la sabiduría colectiva de nuestras sociedades. Son miembros valiosos y valorados de nuestras familias y comunidades. Pero tienen un mayor riesgo de complicaciones más graves de COVID-19. Estamos escuchando a las personas mayores y a quienes trabajan con ellas y para ellas, para identificar la mejor manera de apoyarlas.

Hacer de nuestras ciudades, comunidades, pueblos y barrios entornos amigables con las personas de más edad incluye y exige este reconocimiento y escucha. Mostrar la vulnerabilidad, a la vez que retrata nuestra humanidad nos engrandece como personas. ¿Quién no se ha sentido vulnerable en alguna ocasión, por algún motivo? Las personas mayores, mostramos ahora más que somos vulnerables, y ello nos hace más grandes. En estos momentos, más que nunca, la sociedad tiene que estar a nuestro lado, hacer suyas nuestras necesidades y reconocer nuestro papel social, demostrado en tantas ocasiones.

Esta alerta sanitaria mundial va a marcar un antes y un después. En ese próximo “después” tocará extraer conocimiento y aprendizaje, especialmente en lo que a cuidados se refiere. Tras esta emergencia sanitaria, la relevancia de la Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, iniciativa de la OMS impulsada por el IMSERSO, y su metodología de trabajo basada en la participación y la escucha va a cobrar un gran protagonismo y nos brindará más oportunidades de extenderlo a los municipios de nuestro país.

La experiencia que estamos viviendo de emergencia sanitaria pone en relieve el valor del concepto de envejecimiento saludable que preconiza la OMS con esta iniciativa y con la próxima Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030). El diagnóstico y plan de actuación en cada una de sus ocho áreas de trabajo nos sirve para detectar las mejoras que cada municipio o comunidad debe afrontar a la hora de transformarse en un entorno amigable para las personas mayores y, en consecuencia, saludable para todas las edades.

Una de las mayores enseñanzas de esta epidemia mundial es el valor de la salud pública, la importancia de la inversión en lo más importante que todas las personas necesitamos y queremos: nuestra salud. Y ésta no es sólo una cualidad individual y personal, sino que descansa en todos y cada uno de los ámbitos de nuestros entornos de vida. Si apostamos por un envejecimiento saludable, este involucra todos los elementos que componen cada una de las áreas de actuación que acomete la Red promovida por la OMS, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la llamada Agenda 2030.

Es importante afrontar el reto de poner en valor en nuestros entornos el cuidado de las personas y, en nuestro caso, especialmente de las personas mayores. El cuidado ha de ser responsable y equilibrado para ser transformador. Estamos viviendo con esta pandemia, que es global, la importancia de lo local, de nuestro entorno más cercano, que ha de ser corresponsable del cuidado de todas las personas, especialmente de aquellas más vulnerables. Todas las personas hemos de ser cuidadoras, no sólo de quienes componen nuestra familia -que también- sino de quienes comparten mi barrio, pueblo y ciudad. Ejercer esa corresponsabilidad es trabajar por una sociedad igualitaria, que garantice el cuidado en todas las etapas de la vida.

La amigabilidad de nuestro entorno, hoy más que nunca, adquiere un significado más real y concreto. En alcanzar esta meta hemos de trabajar juntas administraciones, instituciones y ciudadanía. Y como tan importante es la meta como el proceso, en este reto cada voz es importante. La actitud de escucha nos tiene que permitir realizar diagnósticos más certeros, y la colaboración y apoyo mutuo nos deben permitir afrontar los retos con planes de actuación más realistas, eficaces y con vocación de sostenibilidad en el tiempo, como un deber para con las personas de ahora y de las generaciones venideras.

Llegará en poco tiempo la superación de esta grave crisis sanitaria, que traerá secuelas y consecuencias; pero lo más importante es sabernos a nivel individual y colectivo capaces de analizar y extraer conocimiento y aprendizaje con el que enfrentarnos a un futuro que ha de ser sostenible y amigable para todas las personas, o no será.

Marzo, 2020