Covid-19: ¿Por qué los entornos amigables con las personas mayores son ahora más necesarios que nunca?

GRUPO DE TRABAJO «CIUDADES AMIGABLES» COORDINADO POR EL IMSERSO

Las personas mayores son el grupo de edad que más gravemente ha sufrido los efectos de la pandemia en todo el mundo, efectos que no sólo han tenido que ver con la incidencia en contagios y fallecimientos. Muchos de estos efectos negativos encuentran en los entornos amigables con las personas mayores una gran capacidad de respuesta y propuestas para paliarlos.

En un momento en el que somos conscientes de la dificultad añadida por la pandemia para iniciar o continuar procesos de amigabilidad en los municipios que cuenten con la participación de las personas mayores, desde el grupo de trabajo “Ciudades Amigables” pensamos que, más que nunca, es necesario trabajar en todas las áreas que abarcan los procesos de amigabilidad de manera transversal. Es un buen momento para reivindicar la necesidad de contar con entornos físicos y sociales amigables con el envejecimiento que contribuyan a minimizar las consecuencias que ésta u otras crisis puedan provocar en la vida de las personas mayores. Los problemas para la población de mayor edad se agravan cuando no existe amigabilidad del entorno físico y social y, por el contrario, mejoran y se encuentran soluciones en entornos amigables con las personas mayores.

A continuación, se plantean algunos ámbitos relacionados con la población de mayor edad en los que la pandemia ha incidido negativamente, y un decálogo de motivos que ponen en valor el trabajo de los pueblos y ciudades amigables con las personas mayores.

 

1. Discriminación por razón de edad (edadismo)

La crisis sanitaria por Covid-19 ha puesto de manifiesto situaciones de discriminación hacia las personas mayores con tantas evidencias que 140 países de Naciones Unidas, España entre ellos, reclamaron el respeto a los derechos y la dignidad de las personas mayores, a través de una declaración conjunta que reconocía un incremento del edadismo y situaciones de negligencia y discriminación hacia las personas mayores durante la pandemia.

La inclusión social y la no discriminación por razón de edad son dos aspectos esenciales que se trabajan en las ciudades y comunidades amigables con las personas mayores. Propuestas de mejora en el entorno social dirigidas a la visibilización de las personas mayores y su contribución en el ámbito social y familiar; a promover el respeto y la convivencia en la ciudadanía y entre distintas generaciones, y a avanzar hacia una mayor igualdad entre mujeres y hombres mayores. Actividades que facilitan el encuentro y la inclusión de las personas mayores en su comunidad (barrio, entorno, familia…) y que fomentan las relaciones intergeneracionales, o campañas de sensibilización y visibilización sobre las realidades que vive la población de mayor edad.

2. Medios de comunicación y visibilidad de las personas mayores

El edadismo o discriminación por edad tiene mucho que ver con los estereotipos, los prejuicios y los comportamientos hacia las personas mayores y sobre el hecho de envejecer.

Las personas mayores, habitualmente, aparecen poco en los medios y herramientas de comunicación. Cuando lo hacen, con frecuencia es a través de imágenes y denominaciones estereotipadas y con una connotación negativa, que no reflejan la enorme diversidad de las situaciones vitales que experimentan.

Durante la pandemia, los mensajes y la comunicación sobre el impacto en las personas mayores han supuesto un retroceso, reforzando estereotipos negativos sobre la vejez que generan un aumento del edadismo. Los mensajes en los medios de comunicación han tendido a homogeneizar a las personas mayores, sin reflejar la diversidad de realidades que están viviendo durante la pandemia. Además, se ha generalizado un tratamiento paternalista (por ejemplo, el uso de la expresión “nuestros mayores”) que tiene un efecto negativo entre las propias personas mayores y en el refuerzo de estereotipos.

Los pueblos y ciudades amigables con las personas mayores ofrecen una imagen de las personas mayores como personas adultas diversas y capaces de desempeñar roles útiles para la sociedad en su conjunto, frente a la imagen de un colectivo que representa una carga para la comunidad olvidando lo que han aportado y pueden seguir aportando. Prestan atención a su forma de comunicar para no fomentar estereotipos, evitando lenguaje e imágenes que refuercen mensajes estereotipados sobre la vejez y usando un lenguaje inclusivo. En la Guía de recomendaciones para la comunicación en el proyecto se encuentran algunas sugerencias, y también en el Blog Ciudades Amigables: La imagen de las personas mayores en los medios de comunicación: El uso del lenguaje frente al edadismo.

Un entorno social positivo está estrechamente relacionado con la buena salud y el bienestar a lo largo de toda la vida. La participación, la inclusión social y la no discriminación, contribuyen a ese entorno social positivo e inclusivo.

3. Accesibilidad de espacios públicos, viviendas y centros residenciales

A las restricciones derivadas de la pandemia, hay que sumar las restricciones debidas a la falta de accesibilidad, lo que ha provocado un doble confinamiento para muchas personas mayores.

Se han puesto de relieve las carencias de accesibilidad en los espacios públicos: aceras, parques, accesos a comercios, establecimientos, etc. cuando las personas mayores que tienen algún tipo de limitación física, sensorial o cognitiva, intentan hacer uso de dichos espacios sin poder contar con apoyos de familiares o profesionales. En muchas ocasiones, el resultado del uso de productos de apoyo (como un andador o silla de ruedas) no es favorable debido a que los espacios donde tendría que poder desenvolverse la persona mayor no cumplen con los requisitos de accesibilidad necesarios.

Unos entornos amigables mejoran y facilitan la accesibilidad física y cognitiva de los edificios y espacios públicos, la vivienda o el transporte, y recuperan espacio público para las personas facilitando el uso de espacios y recursos. Son elementos fundamentales del entorno físico de una localidad que influyen en la movilidad personal, en la autonomía personal, la percepción de seguridad, el comportamiento en materia de salud, la participación social, la independencia y la calidad de vida de las personas mayores.

Además, el estado de alarma y el confinamiento en viviendas y centros residenciales ha hecho más evidente la importancia de las condiciones de accesibilidad y habitabilidad de los espacios donde las personas mayores viven. Dichas condiciones pueden ser facilitadores o, por el contrario, barreras de la autonomía de las personas e incidir de forma muy directa en su salud física y mental y en su seguridad. Por eso los municipios amigables incluyen la vivienda entre las áreas de mejora, con el objetivo de que las personas mayores puedan permanecer en su domicilio incluso aunque pierdan capacidad funcional y autonomía, en una vivienda digna y adecuada a sus necesidades e inquietudes vitales. (1)

4. Acceso a la información y comunicación

Mantener el contacto con la gente y estar al corriente de lo que acontece en el mundo, así como obtener información práctica y oportuna para gestionar los asuntos cotidianos y satisfacer las necesidades personales es vital para un envejecimiento saludable. Por consiguiente, disponer de información relevante que sea accesible para las personas mayores con diversas capacidades y recursos, es un aspecto importante de los pueblos y ciudades amigables con el envejecimiento.

Como consecuencia de la crisis sanitaria y social generada por la pandemia, se ha difundido gran cantidad de información por parte de los medios de comunicación y entidades públicas sobre las medidas a adoptar por parte de la ciudadanía para la prevención de contagios y expansión del virus.

Sin embargo, la experiencia vivida desde el mes de marzo por toda la ciudadanía y, en concreto, por las personas mayores, nos indica que existe un importante margen para la mejora referida a la accesibilidad de la información, ámbito en el que muchos municipios amigables se encuentran trabajando. La accesibilidad afecta a todas las plataformas, medios, canales y formatos de comunicación, y se concreta a través de prestaciones y servicios como sistemas telefónicos y telemáticos de atención, medidas de accesibilidad cognitiva como Lectura Fácil, señalización, etc. (1)

En este contexto se ha hecho más evidente la importancia de contar con información relevante, clara y fácilmente comprensible, y no redundante, confusa o contradictoria. La comprensión de la información resulta clave para la adopción de los comportamientos adecuados que pueden contribuir a la protección frente al virus. Por tanto, toda la información pública relacionada con la crisis del Covid-19 debe ser accesible para todas las personas, independientemente de su edad, formación o capacidades.

Se propone la consulta de documentos sobre Accesibilidad y tecnología para la comunicación, y sobre Señalización sobre medidas de protección frente a la covid-19 en edificios de uso público, elaborados recientemente por el Ceapat.

5. TICs y brecha digital

La brecha digital por razón de edad es una realidad que poco a poco va reduciéndose, pero que todavía existe y puede dificultar a personas mayores desde solicitar una cita médica, hacer la compra por Internet, utilizar la banca online, comunicarse con familiares o participar en una clase virtual de gimnasia.

La pandemia ha supuesto la incorporación de muchísimas personas mayores al uso de las tecnologías de la información y la comunicación. El uso de Internet, plataformas, videoconferencias, etc…ha llegado para quedarse, también entre las personas mayores. Independientemente de la variedad de opciones de comunicación y el volumen de información disponible, la principal preocupación radica en contar con información relevante de manera rápida y accesible para las personas mayores con diversas capacidades y recursos. Además, situaciones de soledad y aislamiento debido al confinamiento han podido paliarse en muchas ocasiones gracias a las tecnologías de la comunicación.

El acceso y formación para el uso de las tecnologías de la comunicación están generalizados en los municipios amigables con las personas mayores, pero la pandemia ha demostrado la necesidad de avanzar en esta formación, superando el conocimiento básico e incluyendo herramientas como el certificado digital, gestiones en la banca online, etc… Además, es necesario para que esta formación no resulte frustrante, que las plataformas de servicios telemáticos funcionen adecuadamente, sean accesibles y no resulten en exceso complicadas para personas de cualquier edad.

El uso de la tecnología puede abrir oportunidades a la comunicación, la información y la participación, pero será fundamental prestar atención a que estas herramientas sean amigables para todas las edades y tengan en cuenta la opinión de las personas mayores en su diseño y usabilidad. Asimismo, es fundamental abordar la diferencia en las posibilidades de acceso a estas tecnologías para evitar discriminaciones que profundicen en la desigualdad y exclusión social que puede generar la brecha digital, tanto debido a escasez de recursos económicos para disponer de estas herramientas, como a la dificultad de acceso por falta de cobertura, frecuente en el medio rural. Para valorar la comunicación y la información se utilizarán, por tanto, indicadores como la disponibilidad de información, el acceso a Internet, la facilidad de uso del material informativo y la asistencia/apoyo disponible.

Teniendo en cuenta la diversidad que puede darse entre las personas mayores en cuanto al conocimiento y manejo de dispositivos tecnológicos, así como en sus capacidades físicas, sensoriales y cognitivas, se recomienda que los ayuntamientos dispongan de conocimientos actualizados sobre distintas alternativas que pueden facilitar el uso de las TIC por parte de las personas mayores, así como la compatibilidad del uso de productos y tecnología de apoyo con las TIC (por ejemplo, distintos tipos de teclados o ratones para personas con limitaciones en la movilidad o software para acceso al ordenador para personas con baja visión). (1)

6. Redes de apoyo e interdependencia

La pandemia y el confinamiento dieron lugar a numerosas situaciones, de un día para otro, de personas que necesitaban ayuda urgente para cubrir necesidades de la vida diaria. Las redes de apoyo han sido un recurso fundamental en los peores momentos de la pandemia. Redes vecinales que ya existían y que se han reforzado o redes que surgieron espontáneamente para ayudar a las personas que se encontraban en situación de mayor vulnerabilidad, entre las que se encontraban personas mayores que viven solas o con dificultades de movilidad o autonomía personal. También muchas personas mayores han contribuido a estas redes solidarias, prestando apoyo y escucha telefónica, cosiendo mascarillas, grabando vídeos de sensibilización, animando a la gente a quedarse en casa y a cuidarse, etc…

En los casos más graves, se detectó un incremento de situaciones de violencia de género, también en mujeres mayores, a las que hubo que dar respuesta, siendo las redes de apoyo un recurso importante.

Las relaciones intergeneracionales también se han visto afectadas durante la pandemia y las tecnologías de la comunicación han ayudado a mantenerlas, así como estas redes de apoyo en las que han participado personas de todas las edades. Asimismo, las personas mayores que forman parte de una asociación se han visto más acompañadas, contar con redes sociales ha supuesto un gran apoyo durante la pandemia.

Las redes comunitarias han implicado a diversidad de actores que han cooperado para dar respuesta urgente a las necesidades que iban surgiendo, personas voluntarias, protección civil, redes vecinales, supermercados, farmacias, servicios públicos municipales… Los pueblos y ciudades amigables han podido aprovechar las relaciones de colaboración previamente establecidas en los procesos de amigabilidad, donde la cooperación y la intervención comunitaria son herramienta fundamental desde la perspectiva de la interdependencia.

7. Participación ciudadana

Durante la pandemia se ha hablado muy a menudo de las personas mayores, pero pocas veces se les ha preguntado. Y preguntar a las personas mayores es precisamente el punto de partida de los pueblos y ciudades amigables.

La participación de las personas en la vida social, cívica, cultural, política y económica de una localidad refuerza su sentimiento de inclusión, el empoderamiento y la reclamación de derechos. Cuando las personas de cualquier edad se sienten incluidas participan más.

Durante la pandemia, la participación en general se vio muy limitada debido a las restricciones del confinamiento, también en las ciudades y pueblos amigables se ha visto limitada, pero donde ya existían dinámicas de participación para poder contar con la opinión de las personas mayores en las políticas que les atañen, se han ido articulando mecanismos, como llamadas de teléfono o encuestas online, para adaptarse y continuar con esa participación que permitiera seguir contando con la opinión y la voz de las personas mayores en un momento tan excepcional.

Como declaró en marzo, Tedros Adhanom, director general de la OMS: “Las personas mayores llevan la sabiduría colectiva de nuestras sociedades. Son miembros valiosos y valorados de nuestras familias y comunidades. Pero tienen un mayor riesgo de complicaciones más graves de Covid-19. Por ello, estamos escuchando a las personas mayores y a quienes trabajan con ellas y para ellas, para identificar la mejor manera de apoyarlas”. Hacer de nuestras ciudades, comunidades, pueblos y barrios entornos amigables con las personas mayores incluye este reconocimiento y escucha.

8. Acción local y transversalidad

Es importante poner en valor que, al igual que en la creación de entornos amigables con las personas mayores es fundamental la acción local, impulsada desde los ayuntamientos, como administración más cercana a la ciudadanía, también durante la pandemia la actuación municipal ha sido vital para paliar situaciones de urgencia de muchísimas personas. Los ayuntamientos han llevado a cabo un inmenso trabajo, estableciendo nuevas estrategias de intervención para adaptarse y atender a las personas en situación de mayor vulnerabilidad, entre ellas muchas personas mayores. En este sentido, el personal técnico municipal tuvo que cambiar de registro y adaptarse a la situación para ofrecer una atención personalizada (telefónica principalmente), convirtiéndose así en una red de detección y derivación.

Además, la coordinación entre áreas municipales, la transversalidad promovida en procesos de amigabilidad con implicación de todas las áreas, facilita y mejora los resultados de la acción municipal en la respuesta coordinada a crisis sanitarias como la que estamos viviendo.

9. Cooperación y trabajo en Red

La Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores parte de la premisa que compartir experiencias, materiales y resultados, el intercambio y aprendizaje entre distintas localidades e iniciativas, nos permitirá avanzar de manera más eficaz hacia entornos amigables con el envejecimiento. Además, los procesos de amigabilidad implican la cooperación entre diferentes actores de un municipio (ayuntamiento, sociedad civil, colegios profesionales, proveedores de servicios, etc…).

Ante la necesidad de adaptarse con urgencia a la situación de emergencia durante el confinamiento y la pandemia, ese intercambio de experiencias y la cooperación local adquieren una especial importancia. La rápida contribución de ayuntamientos de la Red, y difusión de la recopilación de experiencias realizada por el Imserso al inicio de la pandemia en la Newsletter sobre iniciativas amigables durante la Covid-19, constata la importancia y necesidad de redes de intercambio y colaboración que faciliten la transmisión de experiencias y conocimiento.

10. Década del Envejecimiento Saludable (2021 – 2030)

Por último, la Década del Envejecimiento Saludable anunciada por Naciones Unidas el pasado 14 de diciembre y liderada por la Organización Mundial de la Salud, incluye entre sus cuatro ejes prioritarios de actuación, que las ciudades y comunidades fomenten un envejecimiento saludable y satisfactorio creando entornos amigables con las personas mayores, lo que ofrece un marco de actuación e intercambio de experiencias en todo el mundo y una forma de trabajo para avanzar en procesos de amigabilidad en los municipios.

(1) El equipo del Ceapat (Imserso) puede proporcionar información y asesoramiento a los ayuntamientos que lo soliciten sobre las actuaciones de mejora necesarias identificadas a raíz de la pandemia por los ayuntamientos adheridos a la Red en los aspectos relativos a accesibilidad en edificios y espacios públicos, a la accesibilidad en la información y la comunicación, así como sobre el uso de productos y tecnología de apoyo.

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