Grandes Vecinos: prevenir la soledad haciendo amigos en el barrio

JOSÉ ÁNGEL PALACIOS  COORDINADOR DE COMUNICACIÓN DE LA ONG GRANDES AMIGOS 

Lo más innovador a veces pasa por recuperar las cosas del pasado que funcionaban. Practicar las relaciones vecinales, abandonadas en la era de la desconfianza y el individualismo, se convierten hoy en una de las mejores formas de evitar la soledad no deseada, un fenómeno que afecta al bienestar y la salud de muchas personas mayores y no tan mayores. Eso es lo que hace Grandes Vecinos, el innovador proyecto de la ONG Grandes Amigos que está creando redes de amistad en los barrios de Madrid y Donostia en torno a las personas mayores.

 

En una gran ciudad como Madrid, donde todo el mundo corre en lugar de pasear y va mirando el móvil sin cruzar mirada -ni por supuesto palabra- con quien se cruza por la calle o incluso en el ascensor, hay más de 260 personas que van contracorriente. Tienen diferentes edades, gustos, procedencias… pero les une algo: las ganas de relacionarse con sus vecinos, en especial las personas mayores, y disfrutar juntos de su barrio. Son los participantes de Grandes Vecinos (https://www.grandesvecinos.org/), el proyecto de la ONG Grandes Amigos, que trasladó a España la iniciativa que en Francia ya desarrollaba Les petits frères des Pauvres.

Puesto en marcha como piloto en 2015 en algunos de los distritos más céntricos de Madrid, Grandes Vecinos ha demostrado su éxito al extenderse ya a los barrios de Lavapiés, Chueca, Malasaña, Chamberí, Retiro, Tetuán y Chamartín. Además, acaba de aterrizar en Donostia de la mano de Adinkide, delegación de Grandes Amigos en Euskadi.

¿Cómo funciona?

Grandes Vecinos recupera las relaciones vecinales de toda la vida, poniendo a las personas mayores en la vida del barrio. ¿Cómo? Por ejemplo, Pilar tiene 77 años, se mantiene activa y autónoma, pero por momentos empieza a sentirse sola y nos cuenta que le gustaría conocer nuevos amigos del barrio con los que compartir buenos ratos. Así que le presentamos a Paula (28 años), Rebeca (52) y Julián (66), tres vecinos de su zona que, como Pilar, desean ampliar su círculo de amistad. Algunos días Pilar recibe la visita de Paula; hay otros en que Rebeca le timbra al telefonillo para que baje a tomar un café o dar una vuelta por el mercado, y otros en que se telefonea con Julián para charlar, a la vez que se ‘wasapea’ con cada uno. Y algunos días quedan los cuatro para ir al cine o para comer. Incluso una vez al mes se unen a otros grupos de personas que participan en Grandes Vecinos en su mismo barrio, y se acaban juntando más de 15 en una merienda de barrio organizada por Paula, que, además de relacionarse con Pilar, ejerce en su barrio de vecina dinamizadora de Grandes Vecinos, esto es, propone y organiza quedadas que le gusten a todos.

El resultado es una red capilar de vínculos afectivos, recíprocos, donde no existen etiquetas de edad, pues todos se aportan mutuamente. Poco a poco, también se trabaja en implicar a comercios y otras entidades sociales del barrio para que la red crezca y al final siempre haya alguien cerca de las personas mayores.

Pilar y sus vecinos quedan entre sí cuando les apetece, con flexibilidad. Lo importante es saber que siempre van a poder contar con alguien de confianza, ¡y cerca!, no a 1 hora de distancia. Para pasarlo bien, para contar una preocupación, o incluso para recoger las cartas o regar las plantas cuando te vas de vacaciones, pero todos necesitamos a alguien cerca. Y Grandes Vecinos lo consigue.

Cuando te resulta más fácil relacionarte en Facebook que en el ascensor

Tener 1.000 amigos en Facebook u otra red social nunca podrá sustituir al afecto y la satisfacción que produce el contacto físico, la amistad de ‘carne y hueso’, cuando te ves con un amigo cara a cara. Esta es la base de la labor que llevamos desarrollando más de 15 años en la ONG Grandes Amigos frente al fenómeno de la soledad no deseada. Pero la innovación y las nuevas tecnologías también pueden ayudar: los participantes del proyecto Grandes Vecinos cuentan con una aplicación móvil y web, que les facilita la organización de las quedadas, registrar cada actividad realizada con la persona mayor a la que están vinculados, o hacer un seguimiento de su situación.

A través de las relaciones intergeneracionales y de proximidad, estamos demostrando que hay una alternativa a la actual sociedad individualista, impersonal, superficial y frenética, que no hace más que alimentar nuevas situaciones de soledad no deseada entre las personas mayores… y no tan jóvenes.

¿Quién no ha coincidido con un vecino en el ascensor y ha deseado que el trayecto durara lo menos posible, mientras miraba al suelo, para salir pitando y librarse de iniciar una conversación más allá de dar los ‘buenos días’. Deberíamos derribar la barrera de la desconfianza y del miedo a lo desconocido, que nos impide relacionarnos de manera natural y espontánea con las personas que tenemos más cerca.

Prevenir en mayores de hoy… y de mañana

El proyecto vecinal de la ONG Grandes Amigos persigue prevenir la soledad no deseada: regeneramos la red afectiva antes de que la sensación de soledad sea mucho más palpable y resulte más complicado reactivar la vida social, ya sea por motivos de salud, de movilidad, etc. Pero cuando hablamos de prevención no solo pensamos en las personas mayores que se unen al proyecto, como Pilar. También el resto de participantes más jóvenes están previniendo una soledad no deseada que, tarde o temprano, todos vamos a tener que afrontar a lo largo de la vida si tenemos en cuenta el rumbo de la sociedad.

En este mundo tan ajetreado que nos ha tocado vivir merece la pena detenerse a pensar cómo vamos a adaptarnos a la realidad que viene: la esperanza de vida en España es una de las más altas del mundo; aumentan los hogares unipersonales; surgen nuevos modelos de familia; la natalidad toca fondo; la conciliación de la vida laboral y personal aún está lejos de ser una realidad; y el desarrollo urbanístico estira las ciudades agrandando las distancias físicas con nuestros seres queridos, ya sean familiares, amigos o compañeros de trabajo. En conclusión, viviremos más tiempo, pero más solos. No podremos contar con las redes familiares que hasta ahora conocíamos, las cuales han facilitado el cuidado y el apoyo en el seno de la familia. Así que parece que recuperar las relaciones vecinales, es decir, relacionarnos con quien tenemos más cerca, puede ser una buena medida para prevenir la soledad.

El estigma de la soledad

En este contexto, uno de los grandes retos de cada individuo va a ser aprender a gestionar la soledad, de modo que pueda haber momentos escogidos para disfrutar en solitario de un paseo o de un libro, y otros en los que la soledad llegue de manera no buscada, para lo cual debemos estar preparados. Por eso el introducir desde joven en nuestro día a día las relaciones vecinales e intergeneracionales ayudará a ser más conscientes de la soledad, a no estigmatizarla, y a mirar sin prejuicios ni estereotipos a la vejez. En este mundo superficial que ejerce una gran presión social por mostrar un estado de felicidad permanente y a su vez obliga a esconder sentimientos negativos, la verdad es que el estigmatizar la soledad y pintarla de “enfermedad” o “epidemia” no ayuda: en realidad genera un estigma y una vergüenza que obstaculiza que las personas que se sientan solas den el paso de pedir ayuda y encontrar soluciones.

                 

Entornos “amigables”

Grandes Vecinos es una gran herramienta de participación ciudadana para prevenir la soledad no deseada y, por tanto, los riesgos que esta conlleva en la salud física y mental de las personas. De igual manera que la Red de Ciudades Amigables con las Personas Mayores está contribuyendo a un cambio en la manera de pensar y diseñar los lugares donde vivimos, aspecto clave que tiene mucho que ver con el objetivo de envejecer con salud, dignidad y en compañía. Las experiencias de Madrid Ciudad Amigable o de tantos municipios en Euskadi que forman parte de esta Red y donde también Grandes Amigos está en marcha, son un buen ejemplo a seguir.

En ese sentido, sería básico incluir en los planes de urbanismo y desarrollo de las ciudades la visión de “amigabilidad” con las personas mayores y la convivencia vecinal en los barrios. A tenor del contexto social y demográfico anteriormente descrito, es prioritario que el diseño de las ciudades grandes y pequeñas atienda a las necesidades de sus vecinos, incluidas las afectivas y sociales, pues ya no hay duda de que inciden en su salud y bienestar.

Construir ciudades pensando en facilitar la vida de las personas mayores beneficia a las personas de cualquier edad. Urge la eliminación de barreras arquitectónicas en la vía pública y la recuperación de espacios comunes que favorezcan el contacto entre vecinos (parques, jardines, bancos para sentarse, baños públicos, peatonalización de calles, etc.), así como frenar los procesos de gentrificación, y fomentar iniciativas comunitarias y redes vecinales en torno a las personas mayores, como es el caso de Grandes Amigos.

Para propiciar esos momentos de encuentro y socialización tan saludables que palíen la soledad, hay que facilitar los lugares apropiados y adecuarlos a las necesidades de las personas mayores.

En nuestro día a día, acompañamos a personas mayores con perfiles cada vez más diversos y jóvenes, pero también es cierto que atendemos a un creciente número de personas muy mayores, con 85 años o más, que con frecuencia presentan problemas de salud crónicos y dificultades para caminar. Estas situaciones se complican cuando residen en viviendas no accesibles. Su vida social se corta en seco y, como un círculo vicioso, su salud acaba empeorando. Necesitan la instalación de ascensores y la eliminación de barreras arquitectónicas que impiden a muchas personas mayores salir de su propia casa. Hay que adecuar los entornos de las personas mayores, como las escaleras, que impiden la movilidad y son un motor de aislamiento.

Continuar con este modelo de sociedad, sin hacer nada para mejorar los lugares y las formas en que las personas nos relacionamos, sería pegarse un tiro en el pie. En Grandes Amigos creemos que el cambio vendrá de la suma de todos (administraciones públicas, empresas, entidades sociales y ciudadanía), así como de la combinación de diferentes iniciativas que se complementen entre sí. Una de ellas, nuestro proyecto Grandes Vecinos, ya está dando sus frutos y enseña el camino de la necesaria colaboración para prevenir la soledad y contribuir a un envejecimiento saludable.