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lunes, 21 noviembre 2022 10:45
Violencia de género y mujeres mayores
Categorías: Artículos
Etiquetas: ciudades amigables , abuso y maltrato , mujeres mayores , derechos
Iratxe Herrero Zarate. Socióloga, gerontóloga y criminóloga Carlos Díaz de Argandoña Fernández. Politólogo, agente de igualdad de oportunidades y formador Ambos dirigen y-logika, investigación social aplicada. La violencia de género es un fenómeno que históricamente ha quedado relegado al ámbito privado, si bien, en los últimos años, su visibilización está mostrando una realidad oculta que afecta a mujeres de perfil variado tanto en lo que respecta a su estatus socioeconómico, su edad, su hábitat geográfico o su nacionalidad. La conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, cada 25 de noviembre, es un acto —posiblemente, uno de los de mayor impacto social— que contribuye a mostrar esta realidad que victimiza a más mujeres de las que están presentes en los registros estadísticos o en los recursos de atención. Las actividades encaminadas a visibilizar a estas víctimas han estado orientadas en su mayoría a mostrar la imagen de una mujer de edad madura, asociada al rol de madre con hijas e hijos menores de edad y, también, la imagen de una mujer joven, adolescente. En los últimos años, sin embargo, se observa una incipiente tendencia a mostrar también a las mujeres de 65 y más años como víctimas de violencia de género, principalmente, en campañas de prevención y sensibilización. La visibilización de estas víctimas mayores se está trasladando al ámbito de la investigación, con estudios que centran su objeto de estudio de manera específica en este grupo etario. La propia Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, realizada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género ofrece datos estadísticos que permiten cuantificar la prevalencia de este fenómeno en este grupo de edad de manera específica. Tal y como recoge la última consulta, publicada en 2019, un 23,4% de las mujeres de 65 y más años han sido víctimas de esta violencia a lo largo de su vida y un 5,7% de las que ahora tienen esa edad, lo siguen siendo. Investigación sobre Violencia de género y mujeres mayores Estudio «Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca» En la producción científica centrada en conocer la realidad de las mujeres mayores víctimas de violencia de género, es reseñable que en julio de este año se presentó a los medios de comunicación la investigación «Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca» realizada por y-logika y financiada por Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer. Esta investigación es la primera que se realiza en esta Comunidad Autónoma centrando el objeto de estudio exclusivamente en las mujeres mayores víctimas de violencia de género. La definición de mujer mayor corresponde a una persona de 65 y más años. Aunque la investigación se ha centrado en el País Vasco, más allá de ciertos aspectos relativos a recursos específicos, que pueden variar según el territorio, en esencia —y por experiencia del equipo investigador—, los resultados serían extrapolables a otros contextos geográficos; principalmente, en lo concerniente a los procesos de victimización que han vivido y viven estas mujeres. Por este motivo, compartir los resultados de esta investigación en este blog del Imserso, se convierte en una oportunidad de contribuir a visibilizar y sensibilizar sobre la realidad de estas mujeres mayores víctimas independientemente de su lugar de residencia. El estudio se ha realizado desde el enfoque de la gerontocriminología®, término acuñado por este equipo y que recibió la Mención Especial del I Premio a la Innovación en materia criminológica otorgado en 2016 por la Sociedad Española de Criminología-SECRIM. Este enfoque tiene como finalidad visibilizar la singularidad de la victimización y la delincuencia en el ámbito de las personas mayores. Esta singularidad se construye por la influencia de tres componentes de la variable edad: el factor generacional, el factor biológico y la etapa vital. En el caso de las víctimas de la violencia de género, esta variable les otorga una singularidad que les diferencia cualitativamente de lo que supone ser víctima a edades más jóvenes y les coloca en una posición de mayor vulnerabildad. La metodología empleada ha sido fundamentalmente de carácter cualitativo, buscando conocer las causas, características y consecuencias del fenómeno. También se aportan datos cuantitativos de la proporción de mujeres mayores víctimas en los recursos de atención. Para la consulta a entidades, profesionales, asociaciones, ciudadanía y familiares, la información se ha obtenido mediante entrevistas, grupos de discusión y método Delphi, En el caso de la consulta a mujeres mayores víctimas de violencia de género, la técnica empleada ha sido la historia de vida. La alta participación en cuanto al número de fuentes consultadas, superior a la prevista en el diseño metodológico inicial, ha contribuido a otorgar robustez a los resultados. Los resultados: fenómeno desconocido, singular y necesitado de una respuesta específica. Los resultados principales de la investigación son los siguientes: El fenómeno de la violencia de género hacia mujeres mayores es socialmente desconocido y singular: El edadismo social es uno de los factores que explica la opacidad de este fenómeno. Su singularidad resulta de la confluencia de factores individuales, sociales y de los asociados a la propia violencia que posicionan a las mujeres mayores víctimas en una situación de especial vulnerabilidad en comparación con víctimas más jóvenes. La singularidad de las mujeres mayores víctimas se construye a partir de las siguientes características: Son víctimas de violencia de muy larga duración, en muchos casos con historias de más de 40 años. Como consecuencia de esta larga victimización, presentan un estado de salud más deteriorado que otras mujeres de su edad y un mayor grado de aislamiento social. A lo largo de estas largas experiencias de victimización, la violencia sufrida se cronifica y se modifica, pasando de una violencia más física a una violencia más psicológica y de control económico en la etapa de la vejez. En la modificación de la violencia influyen dos aspectos relacionados con la etapa vital de la vejez propia de esta generación de personas mayores: la mayor presencia del hombre maltratador en el hogar tras la jubilación y la aparición de situaciones de dependencia que requieren de cuidados para las actividades de la vida diaria. Normalizan su situación y se adaptan a ella, aceptando con más facilidad que las mujeres jóvenes esta experiencia como algo propio de la relación de pareja, influenciadas, principalmente, por haber sido socializadas en la «cultura del aguantar» y en una idea de mujer vinculada al mantenimiento de la familia unida. Por lo tanto, tienden a mantener el vínculo de la pareja hasta el fallecimiento del hombre o de ellas mismas. Esta socialización y la escasa visibilidad social que hay de su figura como víctimas contribuyen a que no se identifiquen como tales y, en consecuencia, no comuniquen su situación ni soliciten ayuda. En consecuencia, su presencia en los recursos de atención o en los registros de denuncias es escasa en comparación con víctimas más jóvenes. Cuando deciden salir de la situación de la violencia, tienen que vencer más obstáculos por su edad, socialización y etapa vital; esto significa que tienen más dificultad para abandonar el domicilio, para adquirir independencia económica o para recibir apoyo familiar, puesto que, en muchas ocasiones, el propio entorno familiar —principalmente hijas e hijos— no acepta ni facilita que la mujer abandone la relación. La vulnerabilidad que todas estas características otorgan a estas mujeres mayores víctimas se incrementa en el caso de las mujeres de 80 y más años —la denominada cuarta edad—; las que viven en el medio rural; las que, por una situación de dependencia, requieren de cuidados o los tienen que procurar a su pareja y aquellas que no acuden a recursos o no participan en actividades sociales. Por lo que respecta a los hombres maltratadores de esta generación, se observa cómo el hecho de que se hayan socializado en un contexto más permisivo hacia este tipo de violencia, ha favorecido la legitimación que sienten al ejercerla. Paradójicamente, estereotipos sociales asociados a las personas mayores, tales como su carácter bondadoso o su fragilidad, contribuyen en estos casos a invisibilizar el comportamiento violento de los hombres maltratadores en esta etapa de su vida. En lo referente a la respuesta social, se observa que la escasa presencia de estas mujeres mayores en la red de atención contribuye a un desconocimiento de su singularidad. Por esta y otras razones, los recursos no siempre están adecuados a sus necesidades. También se observa una escasa relación entre recursos orientados a personas mayores y recursos orientados a víctimas de violencia de género. En este contexto, se identifica el papel fundamental de las asociaciones, de manera especial aquellas que se definen como «asociaciones de personas mayores», ya que son espacios a los que pueden acudir estas mujeres de manera natural y pueden servir de puente entre ellas y la red formal de atención en materia de violencia de género. Propuestas de actuación desde la administración local Desde este enfoque de la gerontocriminología®, se recomienda tener en cuenta esta singularidad del fenómeno anteriormente descrita, tanto en los procesos de análisis y diagnóstico como en la planificación y desarrollo de las actuaciones de prevención e intervención. Estas acciones de diagnóstico, planificación e intervención también encuentran cabida en el marco de las actuaciones llevadas a cabo por la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, gestionada por el Imserso en España, ya que se orientan a mejorar la calidad de vida de estas mujeres mayores, enlazando así con la propia finalidad de la citada iniciativa. Incorporar estas acciones contribuye a enriquecer la labor realizada por las entidades que ya forman parte de esta Red o que quieren sumarse a ella. En la práctica, se proponen algunas medidas que contribuyen a este objetivo y que pueden llevarse a cabo desde el marco de actuación de aquellos municipios sensibles a la importancia de ofrecer espacios amigables para las personas mayores: Realizar campañas de sensibilización para dar a conocer este fenómeno. Realizar estudios para conocer con más detalle la realidad de las mujeres víctimas, hombres maltratadores y recursos de cada municipio o comunidad. Desarrollar acciones de prevención y atención con un enfoque integral, que incorpore la perspectiva de género en los recursos de atención dirigidos a personas mayores y la perspectiva de la edad en los recursos del ámbito de la igualdad. Informar de los recursos existentes en aquellos espacios frecuentados por personas mayores. Incluir en las acciones tanto a las mujeres víctimas como a los hombres maltratadores y a sus familias. Adaptar los recursos a la singularidad de estas mujeres mayores víctimas. Ofrecer espacios de respiro, potenciando, por ejemplo, el papel de las asociaciones, especialmente de las asociaciones de personas mayores. Formar sobre este fenómeno a los equipos profesionales que trabajan con personas mayores así como a aquellos que pertenecen al ámbito de la igualdad. Tal y como se recoge en el informe de esta investigación: «Volver la mirada hacia estas mujeres mayores supervivientes de violencia de género para escuchar sus historias y conocer sus necesidades y demandas es una deuda histórica que tienen con ellas la sociedad en general y las políticas de género y gerontológicas en particular.» Desde y-logika queremos agradecer a la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores y al Imserso su contribución a la visibilización de este fenómeno. Conocer la realidad es el primer paso para la búsqueda de soluciones. Informe completo: Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca. Resumen del informe: Violencia de género y mujeres mayores en la Comunidad Autónoma de Euskadi: visibilizando una vulnerabilidad opaca.
viernes, 24 noviembre 2023 09:02
Equidad digital en Donostia Lagunkoia – San Sebastián Amigable. DIGITAHAL, un marco para un diseño social en la digitalización
Categorías: Artículos
Etiquetas: ayuntamientos , tecnología , comunicación , ciudad amigable , proyecto
Adriana Martinez, APTES (Asociación para la Promoción de la Tecnología Social). Eva Salaberria, Donostia Lagunkoia/San Sebastián Ciudad Amigable. El Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, a través de Donostia Lagunkoia – San Sebastián Amigable y en colaboración con APTES (Asociación para la Promoción de la Tecnología Social) ha elaborado DIGITAHAL, un marco que busca promover el diseño social en la digitalización de servicios, programas, proyectos e iniciativas. Porque la digitalización plantea muchas oportunidades, pero también está generando para muchas personas -y no sólo por cuestión de edad-, exclusión y desigualdad. DIGITAHAL, una iniciativa que surge de OnKIDE La brecha digital es uno de los principales retos sociales a los que nos enfrentamos actualmente, y es significativo entre las personas mayores. Pero no solo afecta a las personas mayores, junto con la edad “se aprecian notables diferencias por género, renta, nivel de estudios o lugar de residencia”. Por ejemplo, el 76% de las personas mayores de 80 años está preocupada por la brecha digital, y según el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información, el 60% de las personas desconectadas de las TIC son mujeres, lo que todavía agrava más la brecha de género en nuestra sociedad. En este contexto, en Donostia son varias las entidades que están acompañando a las personas mayores en su capacitación digital en formatos diversos (cursos, tutorías, presenciales, online, etc). Estas entidades, configuran desde 2021 OnKIDE, un espacio para la conexión y colaboración con un enfoque multisectorial donde las personas mayores tienen un papel importante, liderado por el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, a través de Donostia Lagunkoia, y APTES. En este espacio participan Nagusilan, MatiaZaleak, Izarbide, KZgunea, el Servicio municipal de Apoyo Técnico a las Asociaciones de Personas Mayores y el programa Plus 55 de la Dirección de Acción Social del Ayuntamiento de Donostia. El propósito de OnKIDE es “Acompañar -con valores- a las personas mayores en la adquisición y mejora de sus competencias digitales, de forma coordinada, y conectada con sus deseos y necesidades, para contribuir a la equidad digital”. Es en OnKIDE donde se identifica que, si bien con frecuencia consideramos que es la persona la que tiene responsabilidad en su capacitación digital, es imprescindible tomar conciencia de que no dejar a nadie atrás en lo digital es una responsabilidad compartida, y que compete también a las organizaciones, públicas o privadas, que digitalizan su actividad. Es desde esta consideración desde donde se promueve DIGITAHAL. DIGITAHAL, un marco para un diseño social en la digitalización DIGITAHAL recoge los aprendizajes extraídos del proceso de diálogo que con el apoyo técnico de PR4 Tecnología Social, se ha promovido con profesionales de entidades públicas y privadas que están inmersas en procesos de transformación digital para conocer cómo lo están haciendo, a qué retos se enfrentan, y también qué aprendizajes están extrayendo de estas experiencias. Todo ese conocimiento y las reflexiones surgidas en el proceso han nutrido una primera versión de un marco que ayude a las entidades que digitalizan, a que diseñen y desplieguen una digitalización humanista, que ponga en el centro a las personas, sus realidades, anhelos y necesidades. DIGITAHAL es un marco que, a modo de guía, identifica cuestiones sobre las que poner el foco, reflexionar y generar acción a la hora de digitalizar un servicio, programa, proyecto… en definitiva, la digitalización de iniciativas en clave humanista. Es una primera y modesta contribución; explicita cuestiones básicas, muchas veces conocidas, pero a veces poco articuladas, y aporta claves y preguntas para que la reflexión, y también la acción, contribuyan a la equidad digital. ¿Por qué? La digitalización es, a la vez, reto y oportunidad de enorme magnitud. Reto, porque implica el abordaje, sin dejar a nadie atrás, de las transformaciones sociales, culturales y organizacionales que se dan en la era digital. Y oportunidad, porque tiene el potencial de personalizar las iniciativas a cada una de las personas a las que se dirigen y que las usan y benefician de ellas. DIGITAHAL considera que se debe ir más allá de la consideración de la brecha digital como un asunto que incumbe a las personas que se encuentran en ella, y que implica su responsabilidad personal por “capacitarse”. Porque la brecha digital implica, incluso en mayor medida, a las personas y organizaciones que digitalizan las iniciativas, que son quienes debemos contar con mayor capacidad para un diseño social de dichos servicios, programas o proyectos a digitalizar, de manera que nadie quede atrás. En la era digital, organizaciones públicas y privadas abordamos procesos de digitalización de nuestras iniciativas, en forma de servicios, programas, proyectos, etc. En algunos casos, esta digitalización es parte de una estrategia de omnicanalidad, esto es, llegar de todas las maneras posibles a las personas para interactuar con ellas. Así el canal digital (web, app, email), y el presencial, conviven como alternativas de interacción. En otros casos, hay una decisión estratégica de priorizar el acceso digital a la iniciativa ofertada sobre otras alternativas posibles. Cómo se abordan los procesos de digitalización de iniciativas es clave, tanto para que éstas lleguen a las personas, como para el cumplimiento de los objetivos de las organizaciones. Respecto a las personas, se hace imprescindible que las organizaciones identifiquemos nuestra responsabilidad para con quienes puedan tener más dificultades en el acceso, uso y capacitación en el uso de las tecnologías digitales. Respecto a los objetivos de las organizaciones, DIGITAHAL propone trabajar por un diseño social de estos procesos como un factor para incrementar el valor percibido, la garantía de los derechos de las personas, la calidad y la competitividad. ¿Qué? Proponemos un marco de reflexión que invita a tener en cuenta: Los derechos de las personas, sus diferentes competencias digitales y contextos. Los objetivos de nuestras organizaciones, en términos de valor aportado, calidad de servicios y competitividad. ¿Para qué? Para aportar a las personas (ciudadanía, personas destinatarias y/o usuarias) a las que se dirigen las iniciativas: valor (autonomía, tiempo o capacidad); promoción y garantía de sus derechos, independientemente de competencias digitales y sus contextos. Para que las organizaciones podamos cumplir con nuestros objetivos, desarrollar nuestras funciones y aumentar el valor y la calidad en la prestación de servicios y desarrollo de programas y proyectos, sin dejar a nadie atrás. ¿Para quién? Para organizaciones públicas o privadas que estamos abordando una transformación en nuestras iniciativas y para las que se requiere contar con capacidades digitales. Para aquellas que ya lo han hecho y quieren revisar cómo de humanista es esta transformación. Conexión con OGP Euskadi En este proceso de trabajo, DIGITAHAL ha conectado con el Compromiso 3 de Open Government Partnership Euskadi (OGP) que, con el objetivo de incidir en el diseño de los procesos de digitalización y proponer nuevas formas de trabajo que eviten las brechas digitales desde su base, está diseñando herramientas prácticas para tener en cuenta las necesidades y deseos de todos los agentes implicados en la digitalización desde el propio diseño. El documento completo está disponible para su descarga en el siguiente enlace: DIGITAHAL. Marco para un diseño social en la digitalización.
miércoles, 20 diciembre 2023 10:12
Participación y envejecimiento saludable frente a la pobreza
Categorías: Artículos
Etiquetas: ciudades amigables , personas mayores , participación , pobreza
Carlos Susías, presidente de EAPN-ES y EAPN Europa, y Equipo Secretaría Técnica de EAPN-ES En España, la pobreza es un problema estructural que afecta a todas las edades, también a las personas mayores de 65 años. Según el XIII Informe sobre el Estado de la Pobreza en España elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), en 2022 la pobreza y la exclusión social afectaban al 21,3% de la población española de más de 65 años, es decir, más de dos millones de personas. Si bien es cierto que, en comparación con el resto de la población, presenta menores cifras, también lo es que la tasa ha crecido de manera prácticamente constante desde el año 2015, cuando afectaba al 14,5 %. La principal razón de estas cifras está en la baja cuantía de las pensiones que reciben una parte importante de las personas mayores. Durante el año 2022, del total de pensiones que se percibieron en España, el 35,8 % se encontraban por debajo del umbral de pobreza (el cual para ese año fue de 721 € en 14 pagas por unidad de consumo). La cifra es más baja entre las pensiones por jubilación —el 28,6 % de estas se encuentran por debajo del umbral de pobreza—, mientras que, en el caso de las pensiones por viudedad, la proporción asciende al 46,6 %. Si hablamos de pensiones por debajo del umbral de pobreza severa (480 € en 14 pagas por unidad de consumo), estas cifras se sitúan en el 9,6 % para las pensiones por jubilación y en el 24,5 % para las pensiones por viudedad. Es importante señalar que erradicar la pobreza es una cuestión de voluntad política. Frente a estas cifras, y en el actual contexto socioeconómico derivado de las sucesivas crisis que estamos atravesando -la pandemia y el aumento del coste de la vida por el alza de la inflación y el precio de la energía-, es necesario no solo mantener la tendencia de revalorización de las pensiones, sino aumentar su alcance y extensión, especialmente las mínimas. Las pensiones públicas son, de hecho, uno de los mejores ejemplos para demostrar el papel protector del Estado frente a la pobreza y la desigualdad, algo que debemos tener muy en cuenta a la hora de contrarrestar los discursos que están poniendo en cuestión y en riesgo el Estado del Bienestar. Sin las transferencias de las distintas Administraciones, incluidas las pensiones, habría el doble de personas en situación de pobreza, la de pobreza severa afectaría a casi un tercio de la población y la desigualdad presentaría cifras desorbitadas: el 20% más rico de la población ganaría en torno a 48 veces más que el 20% más pobre. Por poner un ejemplo, en el caso de Asturias, la tasa de pobreza en 2022 fue del 20,1 %; si se eliminan las trasferencias excepto las pensiones, la cifra pasaría a ser del 27,9 %. Pero si también se excluyesen las pensiones por jubilación y supervivencia, la tasa de pobreza alcanzaría a más de la mitad de la población, el 52,0 %. Nuestro sistema público de pensiones es un ejemplo de solidaridad intergeneracional que en muchas ocasiones ha supuesto una red de seguridad para amplios sectores de la población, no solo para las personas que lo perciben. Tras la crisis de 2008, muchos hogares evitaron un desastre aún mayor gracias a las prestaciones de los miembros más mayores de la familia, cuestión más reseñable si tenemos en cuenta lo sucedido con la quiebra de los sistemas basados en la capitalización privada en EEUU y en otros países de la Unión Europea. Vejez con perspectiva de género La feminización de la pobreza es un problema histórico y estructural que acompaña a las mujeres a lo largo de todo el ciclo vital: los indicadores de pobreza y exclusión social son peores para las mujeres, que siguen asumiendo de forma mayoritaria los trabajos de cuidados, los empleos precarios y presentan tasas más elevados de desempleo, lo que se traduce en peores salarios y, en última instancia, peores pensiones. Las mujeres afrontan la vejez en una situación de desventaja, lo que ahonda en mayores tasas de pobreza y exclusión, pero también en las dificultades para ser parte activa de la sociedad. Como señala el Estudio «La participación social de las personas mayores» elaborado por el Imserso, las mujeres y hombres mayores “arrastran la carga social asignada a su género, materializándose la participación social de forma muy dispar”. La brecha en el poder adquisitivo, las tareas de cuidados no remuneradas, la división sexual del trabajo doméstico, las diferentes relaciones sociales y el acceso al ocio, son algunas de las barreras que afectan en mayor medida a las mujeres. Es necesario, en primer lugar, reconocer la existencia de estas desigualdades y afrontarlas de forma transversal, ya que dificultan la participación real e igualitarias de las mujeres y afectan en última instancia a su calidad de vida. Y en segundo, impulsar políticas públicas específicas, empezando por la revalorización de los salarios y las pensiones mínimas. Participación frente a la pobreza Tras la gran recesión de 2008, el sistema público de pensiones sufrió también los efectos de las políticas de austeridad, lo que llevó a la movilización de miles de pensionistas en defensa de una vejez digna. Esta anécdota sirve para constatar la importancia de la participación de las personas mayores en primera persona a la hora de garantizar sus derechos. La necesidad de fomentar estrategias participativas adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que, según el Informe de 2018 «Las personas mayores en España» elaborado por el Imserso, la participación de las personas mayores en determinadas acciones sociales y políticas es la más baja de entre los diferentes grupos de edad. Conscientes de esta problemática, en EAPN-ES hemos centrado uno de los ejes de nuestro trabajo en la sensibilización y difusión de herramientas que favorezcan un envejecimiento saludable y digno basado en la participación. Entre los documentos más recientes en este ámbito, queremos destacar la Guía Práctica «El acceso a los servicios esenciales y la participación de las personas mayores en la defensa de sus derechos», un trabajo que contiene pautas prácticas para que las personas de 65 o más años reconozcan y reivindiquen sus derechos, especialmente aquellas que se encuentran en riesgo de pobreza y/o exclusión social. Pero participar no sólo es una práctica necesaria, también es un derecho reconocido en la Declaración de los Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Constitución Española. En el caso concreto de las personas mayores, es un derecho recogido en los Principios de las Naciones Unidas por las Personas Mayores, la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Carta Europea de los derechos y de las Responsabilidades de las Personas Mayores que necesitan Atención y Asistencia de larga duración. Por desgracia, en demasiadas ocasiones, las personas mayores se enfrentan a barreras en la participación derivadas fundamentalmente del edadismo y de las diferentes brechas sociales -de género, demográfica, geográfica y digital-, que constituyen una vulneración de sus derechos a una vejez digna y plena, y que suelen asociarse a situaciones de pobreza y exclusión social. El 17 de octubre se celebra el Día Internacional para le Erradicación de la Pobreza. En EAPN-ES sabemos que acabar con esta problemática pasa por la aprobación de leyes y políticas públicas que pongan en el centro a las personas. El Tercer Sector de Acción Social tiene aquí un papel clave, no solo recordando a los diferentes Gobiernos sus obligaciones y compromisos internacionales, también formando parte activa de los espacios donde se toman las decisiones que condicionas los derechos de la ciudadanía. En este sentido -y ante la constatación año tras año del carácter estructural de la pobreza-, debemos ser una herramienta útil para que la población en situación más vulnerable, especialmente las personas mayores, puedan decidir en primera persona sobre aquellas cuestiones que les afectan, garantizando que el derecho a una vida digna se de en todos los momentos del ciclo vital, también en la vejez. XIII Informe sobre el Estado de la Pobreza en España. Guía Práctica «El acceso a los servicios esenciales y la participación de las personas mayores en la defensa de sus derechos». El estado de la pobreza. Seguimiento de los indicadores de la agenda UE 2023.
viernes, 20 octubre 2023 12:10
1 de octubre, Día Internacional de las Personas Mayores de 2023, un compromiso con los derechos de las personas mayores
Categorías: Red de Ciudades Amigables
Etiquetas: ciudades amigables , personas mayores , participación , derechos
Maite Pozo,coordinadora de la Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores. Imserso. Hace 75 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento crucial en la historia de los derechos humanos. Esta Declaración fue redactada por representantes de todo el mundo de diferentes ámbitos jurídicos, culturales y lingüísticos, es el primer documento que articula los derechos humanos fundamentales que deben protegerse de manera universal. Para conmemorar este hito histórico, y para avanzar hacia un futuro que garantice que todas las personas, de todas las edades, disfruten plenamente de sus derechos humanos y libertades fundamentales, este año 2023, el tema elegido por Naciones Unidas para visibilizar y debatir el 1 de octubre, Día Internacional de las Personas de Mayores, es «Cumplir la promesa de la Declaración Universal de Derechos Humanos para las personas mayores: a través de las generaciones». Naciones Unidas insta a reflexionar sobre las medidas y acciones a llevar a cabo que contribuyan a construir sociedades basadas en los derechos humanos y a “generar compromisos entre todas las partes interesadas para potenciar la protección de los derechos humanos de las generaciones actuales y futuras de personas mayores en todo el mundo”. La Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores se suma a esta conmemoración y pone en valor la participación de las personas mayores que esta Red promueve en los procesos de mejora para la creación de entornos amigables. Los pueblos y ciudades amigables facilitan la participación de las personas mayores para mejorar el entorno físico y social más cercano, el lugar en el que viven. Esta participación es una herramienta eficaz para la promoción y protección de los derechos de las personas mayores. Cuando las personas de cualquier edad se sienten incluidas participan más, y cuando participan, mejoran las redes sociales, el bienestar, disminuye el riesgo de aislamiento social y se favorece un envejecimiento saludable y satisfactorio. Facilitar la participación de las personas mayores en la vida social, cívica, cultural, política y económica de una localidad refuerza su sentimiento de inclusión y, también, el empoderamiento. La participación facilita el ejercicio de derechos y la reivindicación para exigir que se cumplan cuando se atenta contra ellos (por ejemplo, discriminación por edad). Una ciudad o comunidad amigable con las personas mayores facilita la participación y la convivencia: Crea entornos inclusivos y accesibles que no discriminen a las personas a medida que envejecen. Ofrece oportunidades de participación (social, cultural, política, educativa, espiritual, ocio) a la población de mayor edad. Trabaja para superar el edadismo, es decir, los estereotipos y prejuicios negativos sobre la vejez y la invisibilización de las personas mayores. Ofrece espacios de convivencia y actividades que promueven las relaciones sociales e intergeneracionales, que a su vez generan redes comunitarias de apoyo mutuo. Mejora la accesibilidad (física y cognitiva) de los espacios públicos y actividades, la accesibilidad es fundamental para facilitar la participación y la posibilidad de relacionarse a todas las personas. En definitiva, los municipios amigables con las personas mayores diseñan e introducen mejoras para satisfacer las necesidades de la amplia diversidad de personas mayores, promover su salud, autonomía, inclusión y contribuciones en todas las áreas de la vida comunitaria, respetar sus decisiones y opciones de estilo de vida, y anticipar y responder flexiblemente a las necesidades y preferencias relacionadas con el envejecimiento. Además, en este proceso, cuentan con la ciudadanía y diversidad de actores y sectores locales, generando implicación y “compromisos entre todas las partes interesadas”. Los procesos participativos acercan los gobiernos locales a la ciudadanía, y viceversa, la ciudadanía se acerca a su ayuntamiento. Implican un mejor conocimiento en ambas direcciones, y un mejor conocimiento facilita la comprensión de necesidades, demandas y recursos. Facilita el ejercicio de derechos, pero también el compromiso y la motivación con el ayuntamiento y para contribuir a mejorar el municipio. Se anima a los ayuntamientos que pertenecen a la Red en nuestro país a reforzar su compromiso con la amigabilidad de sus municipios y seguir avanzando en las mejoras necesarias, contando con la opinión, demandas y necesidades, y también propuestas, de las personas mayores en este proceso. Asimismo, se anima a los ayuntamientos que todavía no forman parte de la Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, cuyos nuevos gobiernos municipales se han constituido recientemente, a conocer y formar parte de esta Red, y aprovechar los cuatro años de gobierno que tienen por delante para hacer de sus municipios lugares amigables donde envejecer de manera digna, saludable y satisfactoria. En palabras del secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, “Las personas de edad son fuentes inestimables de conocimientos y experiencia y tienen mucho que aportar a la paz, al desarrollo sostenible y a la protección de nuestro planeta” y la Red de Ciudades Amigables con las Personas Mayores puede ser una herramienta útil para facilitar esa contribución tan necesaria. Red de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores en España-Imserso. «Age-friendly World»-OMS. Naciones Unidas. UNIDOP 2023.
miércoles, 20 diciembre 2023 10:27
Una sociedad que reclama justicia social no puede seguir invisibilizando los abusos y malos tratos hacia las personas mayores
Categorías: Artículos , Red de Ciudades Amigables
Etiquetas: personas mayores , respeto e inclusión , edadismo , abuso y maltrato
Mónica Ramos Toro. Geroantropóloga feminista. Coordinadora técnica de UNATE - La Universidad Permanente y Fundación PEM - Patronato Europeo de Mayores. A pesar de que los abusos y malos tratos hacia las personas mayores son considerados un problema social y de salud pública, existen escasos estudios que aborden esta problemática (UDP, 2019 y 2016; United Nations, 2013; Sancho, et al, 2011; Casado y Bárcena, 2014) y menos aún que lo hagan desde una perspectiva de género (Ramos et al., 2020; United Nations, Ibíd., 2013; Luoma, et al., 2011; Barba, et al., 2009). De hecho, no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo cuando se ha evidenciado que las personas mayores también son víctimas de malos tratos, por lo que su investigación es muy reciente (Red2Red, 2018). Prueba de ello es que las Naciones Unidas abordan por primera vez la violencia contra las personas mayores en la II Asamblea Mundial del Envejecimiento, celebrada en Madrid en 2002, en la que se presenta un informe al respecto. Una década después, el 9 de marzo de 2012, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 15 de junio como el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, con el objetivo de poner en el calendario mundial esta problemática tan invisibilizada. En el caso de España, en el año 1996 se celebró la Primera Conferencia Nacional de Consenso que abordó los malos tratos en las vejeces, dando lugar como resultado a la Declaración de Almería, según la cual, «maltrato a mayores sería todo acto u omisión sufrido por personas de 65 años o más, que vulnera la integridad física, psíquica, sexual y económica, el principio de autonomía o un derecho fundamental del individuo; que es percibido por éste o constatado objetivamente, con independencia de la intencionalidad y del medio donde ocurra (familiar, comunidad e instituciones)». Aunque la definición más aceptada tanto a nivel nacional como internacional es la que planteó la Red Internacional para la Prevención del Maltrato hacia las Personas Mayores (INPEA) en 1995, y ratificada en 2002 por la OMS, conocida como la Declaración de Toronto, en la que los abusos y malos tratos hacia las personas mayores (MTPM) se definen como: “la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza”. Es tan amplio el espectro de los abusos que abarca desde malos tratos físicos, psicológicos, sexuales, financieros, negligencia y abandono, vulneración, obstinación diagnóstica, obstinación terapéutica, entre otros. Así, por ejemplo, se considera abuso financiero o económico cuando se hace un uso ilegal o indebido de propiedades o finanzas pertenecientes a una persona mayor. Cuando se le niega el derecho al acceso y control de sus fondos personales. O cuando se le coacciona o engaña para que modifique su testamento u otros documentos jurídicos. El término negligencia hace referencia a la falta de atención u omisión a las necesidades básicas de las personas mayores: se puede ejercer de manera activa o pasiva. Y se considera abandono a la deserción completa por parte de la persona que ha asumido el papel de cuidadora de una persona mayor. En definitiva, todas las formas de abusos y malos tratos llevan implícita una vulneración de los derechos de las personas mayores. Asimismo, los escenarios en los que se producen los malos tratos son muy diversos: el domicilio de la persona mayor, el hogar de los/as hijos/as, la sala de urgencias de un hospital, la consulta de atención primaria, una residencia para personas mayores, una entidad financiera, un centro de formación para personas mayores, los medios de comunicación, etcétera. Además, aunque los MTPM se acaban expresando en conductas concretas, a menudo hunden sus raíces en variables estructurales. Se estima, por ejemplo, que en España, el 27% de las personas mayores técnicamente son "pobres" y un porcentaje parecido se encuentra en el umbral de la pobreza, y es sabido que son las mujeres, con frecuencia viudas, las que mayoritariamente subsisten con pensiones de viudedad o asistenciales, en condiciones de precariedad. Esto debe hacernos reflexionar ya que, aunque los malos tratos a personas mayores se dan en todas las clases sociales, los escenarios de exclusión se convierten en un caldo de cultivo determinante. Según INPEA, los datos de los que disponemos sobre malos tratos a personas mayores son apenas la punta del iceberg, y se pueden utilizar únicamente como datos orientativos, pero no como estimación precisa sobre su prevalencia. Por ejemplo, el estudio de incidencia realizado en 1998 en EEUU por el National Center on Elder Abuse estimó que sólo el 16% de las personas mayores de 65 años que había padecido maltrato lo habían notificado a una institución oficial; es decir, 5 de cada 6 casos quedaban sin notificar. En 2017, un estudio basado en el análisis de 52 estudios realizados en 28 países de diversas regiones del mundo, estimó que, durante 2016, el 15,7% de las personas de 60 años o más fueron sometidas a alguna forma de abuso. Y según la OMS, la tasa de maltrato a personas mayores en el mundo se sitúa entre el 4% y el 6%, cifras parecidas a lo que apuntan los estudios realizados en España, en los que la incidencia oscila entre el 4% y el 5%, siendo las formas más frecuentes la negligencia y el abuso emocional —en todas sus formas— y las menos frecuentes, el maltrato físico y el abuso sexual. Además, se reconoce que el abuso contra las personas mayores es el menos conocido a nivel mundial y su prevalencia es incalculable (al menos de momento) debido a los numerosos factores que impiden su estudio: invisibilidad social e institucional; deterioro cognitivo, trastornos psicológicos como la depresión, dependencia o discapacidad de la víctima; sentimientos de vergüenza, tristeza e impotencia que llevan al ocultamiento de la situación de maltrato; falta de conciencia por parte de las propias personas mayores de estar sufriendo malos tratos, o de quienes los ejercen de estar infligiéndolos, etcétera. Otra complicación añadida es que los estudios de los que disponemos presentan problemas tanto metodológicos como conceptuales que dificultan la comparación de los resultados, lo cual limita la representatividad y posible generalización de los mismos. Problemas entre los que destacan: la falta de acuerdo universal en algunos criterios —como, por ejemplo, los tipos de malos tratos a incluir en los estudios—, la falta de procedimientos de muestreo claros, la utilización de múltiples instrumentos para evaluar los malos tratos, etcétera (Red2Red, Ibíd., 2018; Sancho, et al, Ibíd., 2011). Asimismo, la mayoría de los estudios disponibles se han realizado en países occidentales y son muy escasos los realizados, por ejemplo, en las sociedades asiáticas o africanas, por lo que el conocimiento de los malos tratos a personas mayores a nivel mundial es muy limitado (United Nations, Ibíd., 2013). E incluso para la comparativa con datos nacionales, a pesar de disponer de más estudios en países occidentales, en ocasiones con contextos culturales y tradicionales claramente distintos al español, la extrapolación de datos se hace muy difícil y, en ocasiones, poco útil. A pesar de ello, queda evidenciado que los estudios con los que contamos sirven al menos para demostrar que los malos tratos hacia las personas mayores existen y que son un problema social y de salud pública. En lo que coinciden todos los estudios es en que entre los factores que caracterizan a las víctimas destacan: el ser mujer —las mujeres representan del 66 al 100% de los casos, según el estudio que analicemos—, la edad avanzada, un elevado grado de dependencia y deterioro, la escasez de recursos económicos, el aislamiento social y la falta de apoyos familiares y/o sociales. Además, parece que son las mujeres las que sufren los casos más graves de maltrato tanto físico como psicológico. Vemos, pues, que la confluencia de factores como el género y la edad hace que las mujeres mayores tengan un alto riesgo de sufrir algún tipo de maltrato en sus vejeces. Lo que también podemos afirmar es que la principal causa que perpetúa esta discriminación, abuso y malos tratos hacia las personas mayores tiene que ver con la mirada estereotipada y estigmatizadora que existe todavía sobre las mismas, así como con las representaciones sociales edadistas sobre el envejecimiento y la vejez definidas todavía como un proceso y una etapa de la vida con connotaciones negativas. Este edadismo y la escasa adopción de un enfoque de género son dos factores que contribuyen a invisibilizar el maltrato infligido a las personas mayores, lo que afecta especialmente a las mujeres, ya que son quienes más los sufren (Ramos, et al. Ibíd., 2020; UDP, 2019; Casado y Bárcena, Ibid., 2014; Sánchez Moro, Ibíd., 2013). El edadismo genera unas actitudes y representaciones sociales negativas hacia las personas mayores que, en cierta forma, «hacen que se las deshumanice» (Sánchez Moro, Ibíd.). Especialmente negativas son las imágenes socioculturales que las muestran como seres frágiles, débiles, dependientes y con escaso o nulo poder y control sobre sus vidas, lo que provoca que se les dé un trato desempoderante en el que se tiende a anular su capacidad para la toma de decisiones y el desarrollo de una vida autónoma. En el mismo sentido, deberíamos considerar un mal trato, o al menos la ausencia de buen trato, la falta de protagonismo y reconocimiento de las aportaciones que realizan las personas mayores, especialmente las mujeres mayores, en la sociedad y en las familias, y que invisibilizan su contribución al desarrollo y bienestar. Este edadismo es un caldo de cultivo sobre todo para el abuso y la violencia hacia las mujeres mayores —que son las que llegan a edades más avanzadas— en diferentes ámbitos, tanto familiares como institucionales o sociales, haciendo de éste un grave problema de muy difícil abordaje, dada la escasez de estudios que evidencien datos reales sobre su incidencia, la falta de visibilidad de esta problemática en los medios de comunicación y la falta de concienciación de la sociedad en su conjunto y de los/as profesionales que tratan de manera cotidiana con familias y con personas mayores. En esta línea de trabajo necesario, la Década del Envejecimiento Saludable (2020-2030) promovida por la Organización Mundial de la Salud, establece entre sus prioridades superar el edadismo cambiando “nuestra forma de pensar, sentir y actuar con respecto a la edad y el envejecimiento”, y fomentar los entornos físicos y sociales amigables con la población mayor que aseguren que las ciudades y comunidades “fomenten las capacidades de las personas mayores”. Ambas pueden contribuir a la toma de conciencia y superación de los malos tratos y abusos a personas mayores. En conclusión, desde UNATE - Fundación PEM, queremos destacar que no sólo en torno al 15 de junio Día de la Toma de Conciencia sobre el Abuso y Malos Tratos en la Vejez tenemos que poner el foco en esta problemática social, si no de manera más sistemática, ya que sólo se mejora aquello que se saca a la luz y se prioriza en la agenda política y social. Por ello, es necesario reivindicar un enfoque de derechos en todo lo relativo a las personas mayores: nacemos con derechos y no los perdemos por el hecho de hacernos mayores. Además, es imprescindible adoptar un enfoque de género en el abordaje de la violencia contra las mujeres mayores que permita visibilizar sus características y necesidades propias, lo que repercutirá en un desarrollo de políticas, estrategias y estándares que sirvan para detectar e intervenir en las diferentes situaciones de violencia y, en última instancia, para contribuir a su prevención. Bibliografía: Barba Martínez, José María; Ferrer Prior, Virtudes; Gea Serrano, Amor; Guillén Martínez, Catalina y Turné García, Marina (2009), Protocolo para la Prevención y Detección de la Violencia en la Mujer Mayor de 65 años, Región de Murcia, Instituto de la Mujer de la Región de Murcia y el Servicio Murciano de Salud. [Internet] 2009 [recuperado 22 noviembre 2010]. Casado Bermejo, Inés y Bárcena Calvo, Carmen (2014), «Analysis of violence against elderly woman», Procedia Social and Behavioral Sciences, 161 (2014), pp. 110-114. [Internet] 2014 [recuperado 11 mayo 2015] Luoma, Minna-Lisa; Koivusilta, Mira; Lang, Gert; Enzenhofer, Edith Enzenhofer; De Donder, Liesbeth; Verté, Dominique; Reingarde, Jolanta; Tamutiene, Ilona; Ferreira-Alves, José; Santos, Ana João and Penhale, Bridget (2011), Prevalence Study of Abuse and Violence against OlderWomen. Results of a Multi-cultural Survey in Austria, Belgium, Finland, Lithuania, and Portugal (European Report of the AVOW Project). Finland: National Institute for Health and Welfare (THL). [Internet] 2011 [recuperado 8 noviembre 2012]. Organización Mundial de la Salud (2020). Década del Envejecimiento Saludable (2020-2030). [Internet] 2020. Ramos Toro, Mónica (coord.) (2020). Diagnóstico de la violencia de género que sufren las mujeres mayores de 60 años en la ciudad de Madrid, promovido y financiado por la Dirección General de Prevención y Atención frente a la Violencia de Género. Área de Gobierno de Familias, Igualdad y Bienestar Social. Ayuntamiento de Madrid, de julio a diciembre de 2020. Red2Red Consultores (2018), La violencia de género contra las mujeres mayores en la población aragonesa, Instituto Aragonés de la Mujer. [Internet] 2018 [recuperado 28 de diciembre 2018]. Sancho Castiello, Mayte; Pérez Rojo, Gema; Barrio Truchado, Elena; Yanguas Lezaun, José Javier; Fernández de Trocóniz, María Izal (2011). Estudio de prevalencia de malos tratos a personas mayores en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Documentos de Bienestar Social, nº 75. Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco. [Internet] 2011 [recuperado 8 noviembre 2012]. Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP). (2016). Prevención de malos tratos a personas mayores. [Internet] 2016 [recuperado 13 junio 2016]. (2019). Informe sobre edadismo. [Internet] 2019 [recuperado 8 junio 2019]. United Nations (2013), «Neglect, Abuse and Violence against Older Women», New York: Division for Social Policy and Development Department of Economic and Social Affairs, United Nations. [Internet] 2013 [recuperado 2 abril 2014].
miércoles, 09 octubre 2024 12:30
Cómo combatir el edadismo hacia las personas mayores, de la teoría a la práctica
Categorías: Artículos , Respeto, inclusión y participación
Etiquetas: ciudades amigables , entornos amigables , discriminación , edadismo
Lourdes Charles. Asociación SomSeniors Esther Martín y Nuria Monterde. Departamento de Promoción de Personas Mayores del Ayuntamiento de Barcelona La ciudad de Barcelona forma parte de la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, impulsada por la Organización Mundial de la Salud. Fruto de este compromiso, desde el Ayuntamiento de Barcelona se han llevado a cabo diversas acciones, como la aprobación de la Estrategia sobre cambio demográfico y envejecimiento que lleva como lema «Una ciudad para todos los ciclos de vida, 2018-2030» y la elaboración del «Plan Barcelona Ciudad Amigable con las Personas Mayores, 2022 -2030». Precisamente, el primer eje de este plan es el empoderamiento, respeto y buen trato hacia las personas mayores y uno de sus objetivos es prevenir y abordar las discriminaciones por razones de edad. Para dar respuesta a esta problemática, el Ayuntamiento de Barcelona ha publicado el documento «Cómo combatir el edadismo hacia las personas mayores», donde se recogen los efectos del edadismo en las personas mayores y ofrece recomendaciones y ejemplos prácticos de creencias y comportamientos que hay que evitar y otros que se tienen que fomentar para luchar contra la discriminación por razón de edad. El documento, elaborado conjuntamente con la Asociación SomSeniors, parte de una investigación cualitativa previa realizada en 2021 donde participaron profesionales del mundo del envejecimiento activo y personas mayores de Barcelona. Esta investigación concluyó que hay que dar respuesta a las nuevas y diversas maneras de hacerse mayor y sensibilizar a toda la ciudadanía para cambiar la mirada hacia el envejecimiento. En 2022 el Departamento de Promoción de las Personas Mayores junto con SomSeniors desarrolla un recurso para combatir el Edadismo. Durante su elaboración, los contenidos se contrastan con los profesionales de los diferentes distritos de la ciudad de Barcelona que trabajan con personas mayores, con la finalidad de validar los comportamientos a evitar y los discursos a fomentar. El documento va dirigido principalmente a tres grupos de interés (las administraciones públicas, los medios de comunicación y las empresas) que influyen en la creación de realidades. Asimismo, también va dirigido a toda la ciudadanía en general, pues es importante sensibilizarla respeto el envejecimiento y cómo actuar para evitar caer en el edadismo. El documento está dividido en cinco apartados. Veamos los puntos más importantes de cada uno de ellos: El primero explica qué es el envejecimiento y cómo ha evolucionado. Hay que destacar que el envejecimiento es una evolución natural de las personas, no un proceso limitador y que el criterio utilizado para catalogar a una persona como mayor es simplemente la edad, hecho que provoca una homogeneización de un conjunto de personas negando su diversidad. El segundo apartado trata el concepto del edadismo y qué efectos tiene en las personas mayores que lo sufren. El edadismo es un proceso de elaboración de estereotipos y discriminación contra las personas únicamente por el hecho de ser mayores y puede ser institucional, interpersonal o autoinfligido. Sus principales efectos hacia las personas que lo sufren son: reducción de la calidad de vida, aumento del aislamiento social y el sentimiento de soledad, menores niveles de autonomía y una salud física y mental más deficiente, lo que conlleva finalmente en un aumento en el riesgo de violencia y abuso hacia este colectivo. El tercer apartado nos descubre la existencia del microedadismo, qué es el edadismo normalizado socialmente y que, incluso, puede pasar desapercibido. Son comportamientos, comentarios verbales y actos que contribuyen a la discriminación por razón de edad hacia las personas mayores en la vida cotidiana (ejemplo: “No entiendo las prisas de las personas mayores, si no tienen nada que hacer”). El cuarto apartado reflexiona sobre creencias y comportamientos discriminatorios que hay que evitar y ofrece orientaciones y recomendaciones para fomentar la construcción de nuevos relatos que comporten un cambio de mirada hacia el envejecimiento. Estas creencias y comportamientos están divididos en cinco ámbitos diferenciados. Vemos algunos ejemplos: Convencionalismos sociales: hay que evitar homogeneizar el colectivo, hablar del envejecimiento como una etapa de la vida negativa, juzgar apariencias que no sigan los cánones estéticos establecidos e infantilizar el trato con ellos. Por lo tanto, es necesario fomentar la diversidad de las personas mayores, considerar el envejecimiento como una etapa llena de oportunidades, aceptar las diferentes apariencias físicas y garantizar el derecho de expresar su propia opinión. Salud: se recomienda no considerar la vejez como un sinónimo de enfermedad y dependencia, puesto que un porcentaje considerable de personas mayores disfrutan de un envejecimiento normal y satisfactorio con una buena salud. Estilo de vida: habría que evitar pensar que las personas mayores son una carga social o que tienen una vida monótona y poco interesante y valorar su participación en la sociedad, entender su proceso de adaptación a los cambios y su manera de disfrutar la vida como en cualquier otra persona. Desarrollo cognitivo: sería necesario cambiar la creencia que las personas mayores pierden capacidades intelectuales, puesto que continúan manteniendo sus capacidades cognitivas y potenciando sus talentos. En este sentido, también existe la creencia que tienen pocos conocimientos informáticos, cuando en realidad la complejidad de la digitalización afecta a toda la sociedad. Desarrollo emocional: no se tendría que afirmar que la soledad no deseada es un problema que afecta únicamente a las personas mayores y que éstas acostumbran a estar deprimidas y tristes, lo que comporta un trato más complicado con ellas. La soledad afecta en todas las etapas de la vida y la mayor parte de las personas mayores tienen ganas de disfrutar plenamente de su vida. En el quinto y último apartado se trata el tema de la terminología que se utiliza para referirse a las personas mayores (gente mayor, tercera edad, abuelos-abuelas, etc.) y se llega a la conclusión que se necesitan palabras adecuadas para cada etapa del envejecimiento, puesto que es la mejor manera de tener presente la diversidad existente en las personas mayores. Hay que destacar como reflexión final que el edadismo es un problema social grave que necesita un proceso de transformación social para conseguir una sociedad inclusiva con el envejecimiento de las personas. Y, para conseguirlo, es necesario sensibilizar y realizar acciones de comunicación, charlas, conferencias, talleres, etc. con el fin de crear una nueva conciencia social respecto al envejecimiento. Guía Cómo combatir el edadismo hacia las personas mayores. De la teoría a la práctica.
jueves, 15 junio 2023 08:47
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